Un mayor tiempo en sueño de movimientos oculares rápidos (MOR) y en sueño profundo se asoció con un menor riesgo de múltiples enfermedades, entre ellas enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple, demencia e insuficiencia cardíaca, en un amplio estudio prospectivo de cohorte del Biobanco del Reino Unido.
Los investigadores analizaron datos de más de 95.000 adultos equipados con acelerómetros de muñeca durante 7 días consecutivos y encontraron que los patrones objetivos de sueño se relacionaron con el riesgo de casi 1.100 enfermedades. Dormir entre 6 y 8 horas por noche mostró la asociación más favorable, mientras que dormir menos de 5 horas se asoció con un mayor riesgo de 37 afecciones, incluidas demencia, insuficiencia cardiaca y diabetes de tipo 2.
“Los hallazgos aportan evidencia adicional que respalda el papel de una duración del sueño de entre 6 y 8 horas como medida de protección de la salud para adultos de mediana edad y mayores, lo cual probablemente se deba a una distribución más favorable de las fases del sueño”, escribieron el investigador principal, Dr. Jingsong Luo, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Pekín, en Pekín, China, y sus colegas.
El estudio se publicó en versión electrónica el 17 de septiembre en PLOS Medicine.
Evaluación de los patrones de sueño
La duración del sueño se ha asociado con resultados de salud, pero el tiempo total de sueño podría no reflejar la relación entre el sueño y las enfermedades, señalaron los investigadores. Las fases del sueño, la fragmentación y la irregularidad también pueden influir en el riesgo de presentar enfermedades.
El presente estudio incluyó a 95 559 participantes del Biobanco del Reino Unido (edad promedio, 56,2 años; 56,3 % mujeres) que usaron acelerómetros de muñeca de manera continua durante 7 días y noches consecutivos. Un modelo de aprendizaje automático estimó el sueño de movimientos oculares rápidos, el sueño profundo y el sueño ligero; la duración total del sueño; la vigilia tras el inicio del sueño; y la irregularidad del sueño de una noche a otra.
Se realizó un seguimiento de los participantes durante una mediana de 8,9 años, y los diagnósticos se identificaron a partir de los registros de salud.
El análisis examinó las asociaciones entre las medidas del sueño y 1 049 enfermedades y afecciones de salud diferentes, tomando en cuenta la edad, el sexo, el nivel socioeconómico, el estilo de vida y los factores ambientales.
Más sueño MOR, menor riesgo de enfermedad
Cada aumento de 47,6 minutos en el sueño de movimientos oculares rápidos se asoció con un riesgo significativamente menor de padecer 83 enfermedades. El mayor beneficio se observó en pacientes con enfermedad de Parkinson (hazard ratio [HR]: 0,20), esclerosis múltiple (HR: 0,48), demencia (HR: 0,54), enfermedad de Alzheimer (HR: 0,69) e insuficiencia cardiaca (HR: 0,74; p < 0,001 para todas).
Un mayor sueño profundo se asoció con un riesgo significativamente menor de siete afecciones, entre ellas la diabetes de tipo 2 (HR: 0,89) y el trastorno depresivo mayor (HR: 0,86; p < 0,001 para ambas).
Los hallazgos respecto al sueño ligero fueron menos consistentes. Una mayor cantidad de sueño ligero se asoció con un mayor riesgo de 28 enfermedades, como el trastorno depresivo mayor (HR: 1,31), pero con una menor probabilidad de insuficiencia cardíaca (HR: 0,86) y celulitis (HR: 0,83).
Una mayor irregularidad en el sueño se asoció con mayores probabilidades de dolor abdominal (HR: 1,13), trastornos de ansiedad (HR: 1,23) y trastorno depresivo mayor (HR: 1,26). Los riesgos de dependencia de sustancias psicoactivas (HR: 1,33), abuso de alcohol (HR: 1,22) y otros cuatro trastornos fueron más comunes con un mayor tiempo de vigilia tras el inicio del sueño.
Dormir entre 6 y 8 horas diarias mostró la asociación más fuerte entre la duración del sueño y un menor riesgo, lo que demostró un beneficio en 69 afecciones, mientras que dormir menos de 6 horas aumentó la probabilidad de padecer 24 enfermedades.
Los investigadores señalaron que el estudio no puede establecer una relación de causalidad. Las alteraciones del sueño pueden contribuir a la enfermedad, ser consecuencia de una enfermedad subyacente o reflejar factores de riesgo compartidos. Además, las etapas del sueño se estimaron a partir del movimiento de la muñeca en lugar de medirse directamente mediante polisomnografía, que se considera el estándar de referencia.
¿Qué tan bien se puede medir el sueño?
La medición objetiva del sueño puede ofrecer información importante sobre la salud, pero persisten las dudas sobre la precisión con la que se pueden identificar las etapas del sueño fuera de un laboratorio del sueño.
“El hecho de que el sueño se haya medido durante 7 días consecutivos es un punto a favor, ya que esto suele ser bastante representativo de nuestros patrones habituales de sueño”, afirmó Greg Elder, Ph. D., profesor adjunto de psicología y director asociado del Centro de Investigación del Sueño de Northumbria en la Universidad de Northumbria en Newcastle upon Tyne, Inglaterra, en un comunicado del Science Media Centre, una organización sin fines de lucro del Reino Unido.
Sin embargo, los acelerómetros de muñeca no pueden medir directamente la actividad cerebral ni los movimientos oculares necesarios para identificar de manera definitiva las etapas del sueño, lo cual, según Elder, constituye una limitación importante. Aunque el enfoque de aprendizaje automático puede estimar el sueño de movimientos oculares rápidos y el sueño profundo, esto “no es lo mismo que saber realmente cuándo las personas se encuentran en sueño ligero, sueño de movimientos oculares rápidos o sueño profundo”, señaló.
El estudio tampoco puede determinar si los cambios en el sueño contribuyen a la enfermedad o se producen como resultado de problemas de salud. “Los trabajos futuros deben analizar dónde encajan las alteraciones del sueño en los mecanismos subyacentes de cada una de estas afecciones de salud”, señaló Elder.
FUENTE: espanol.medscape.com







