Dos personas pueden pesar exactamente lo mismo y tener composiciones corporales muy diferentes. Incluso un mismo índice de masa corporal puede acompañarse de distribuciones distintas de tejido adiposo.
Esto importa porque no todo el tejido adiposo se comporta de la misma manera.
La grasa localizada alrededor de los órganos abdominales, conocida como grasa visceral, presenta características metabólicas diferentes de la grasa que se encuentra principalmente debajo de la piel. Medidas como la circunferencia de cintura pueden aportar información adicional sobre adiposidad abdominal y riesgo cardiometabólico.
¿QUÉ ES LA GRASA VISCERAL?
El tejido adiposo subcutáneo se encuentra debajo de la piel. El tejido adiposo visceral se acumula dentro de la cavidad abdominal alrededor de diferentes órganos.
Ambos cumplen funciones biológicas, pero un exceso de adiposidad visceral se relaciona con mayor riesgo de alteraciones cardiometabólicas.
Por eso, evaluar el peso sin considerar su distribución puede ofrecer información incompleta.
¿POR QUÉ TIENE IMPORTANCIA METABÓLICA?
El tejido adiposo es un órgano metabólicamente activo.
Cuando aumenta la adiposidad visceral pueden producirse cambios en la liberación de ácidos grasos, adipocinas y señales inflamatorias que se relacionan con dislipidemia, alteraciones en la acción de la insulina y otros factores de riesgo cardiometabólico.
Esto no significa que una persona pueda determinar su estado metabólico simplemente observando su abdomen.
¿CÓMO PODEMOS EVALUARLA?
Existen diferentes herramientas.
La circunferencia de cintura es una medida sencilla que ayuda a estimar adiposidad abdominal y complementar otros indicadores.
Técnicas de imagen como tomografía computarizada y resonancia magnética permiten cuantificar de manera más directa el tejido adiposo visceral, aunque no se utilizan rutinariamente en todas las personas únicamente para este propósito.
La composición corporal también puede aportar información que la báscula convencional no ofrece.
¿QUÉ FACTORES INFLUYEN EN SU ACUMULACIÓN?
Entre ellos pueden encontrarse:
- Balance energético sostenido.
- Actividad física.
- Edad.
- Sexo y cambios hormonales.
- Genética.
- Sueño.
- Consumo de alcohol.
- Alimentación.
- Estado metabólico.
Ningún factor explica por sí solo la distribución de grasa de todas las personas.
¿QUÉ APORTA LA MEDICINA FUNCIONAL?
El enfoque funcional permite dejar de utilizar el peso como único objetivo y ampliar la evaluación hacia composición corporal, distribución de grasa, actividad física, alimentación, sueño y marcadores metabólicos.
Esto ayuda a establecer objetivos clínicamente más relevantes que perseguir únicamente un número determinado en la báscula.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
La actividad física regular —incluyendo trabajo aeróbico y de fuerza—, una alimentación adecuada a las necesidades individuales, el cuidado del sueño y el manejo de otros factores de riesgo cardiometabólico forman parte de una estrategia integral.
El objetivo no debería ser buscar productos que prometan “quemar grasa abdominal” de manera localizada, sino mejorar el contexto que favorece una composición corporal y salud metabólica adecuadas.
EN CONCLUSIÓN
El peso sigue siendo un dato útil, pero no cuenta toda la historia. La cantidad, distribución y función del tejido adiposo pueden aportar información adicional sobre la salud.
Por eso, una valoración integral no debería preguntar únicamente “¿cuánto pesas?”, sino también qué está ocurriendo con tu composición corporal, tus marcadores metabólicos y los hábitos que pueden influir en ellos.







