Fibrilación auricular subclínica y demencia: interrogantes de una relación compleja

CIUDAD DE PANAMÁ. Si bien existe consenso de que la fibrilación auricular aumenta el riesgo de demencia incluso en ausencia de ictus previo, aún no hay la suficiente claridad para justificar la implementación de intervenciones para prevenir el deterioro cognitivo relacionado con la fibrilación auricular subclínica, de acuerdo a lo señalado por participantes de una sesión sobre la relación corazón-cerebro en el 33° Congreso de la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC2026), celebrado del 23 al 26 de julio.[1]

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Dra. Ana Berni Betancourt

“¿Cuánto tiempo pasa el o la paciente en fibrilación auricular [subclínica] y cuál es la relación con el deterioro cognitivo? Eso requiere de mayor evidencia en estudios prospectivos que incluyan neuroimagen y dispositivos de monitoreo continuo”, comentó la Dra. Ana Berni Betancourt, cardióloga clínica y electrofisióloga del Hospital Ángeles Pedregal, en la Ciudad de México, y presidenta de la Sociedad Mexicana de Electrofisiología y Estimulación Cardiaca (SOMEEC).

Esta asociación entre deterioro cognitivo y fibrilación auricular expone los desafíos clínicos que plantea determinar cuándo es un hallazgo incidental sin relevancia clínica y cuándo hay otro que amerita intervenciones específicas, ya que el acceso a dispositivos que permiten la detección de episodios breves y silenciosos de fibrilación auricular, como relojes inteligentes y parches cutáneos, sigue siendo objeto de debate al tener resultados variables con incidencias que varían entre 30 % y 60 % dependiendo del dispositivo usado y los criterios que se utilicen. 

Tampoco se conoce cuántos casos de demencia podrían ser atribuidos a esta arritmia sin síntomas ni traza visible en el electrocardiograma y cuánto podría contribuir a agravar el cuadro o contrarrestar los beneficios cognitivos de fármacos colinérgicos usados para el manejo temprano de la enfermedad de Alzheimer

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Dr. Luis Ignacio Brusco

“Hay que poner en carpeta la fibrilación auricular subclínica, especialmente porque damos donepezilo y rivastigmina, que pueden producir bradicardia. Y los damos sobre todo de noche, cuando baja la frecuencia cardiaca”, expresó otro participante de la sesión, Dr. Luis Ignacio Brusco, Ph. D., director de Alzheimer Argentina y del Centro de Neuropsiquiatría y Neurología de la Conducta (CENECON) de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, de la que también es profesor titular y decano desde 2022. 

El especialista añadió que sería muy importante para la comunidad neurológica y de investigación buscar de manera más sistemática la eventual presencia de fibrilación auricular subclínica en pacientes con deterioro cognitivo y demencia. 

Factores de riesgo compartidos

En su presentación la Dra. Berni destacó que existen factores de riesgo específicos de la fibrilación auricular subclínica y el deterioro cognitivo y otros compartidos, como enfermedad vascular, aterosclerosis sistémica e hipertensión, añadiendo que aunque la relación causal entre ambos no está demostrada, se postula que los mecanismos involucrados involucran infartos silentes, hipoperfusión, microembolias, inflamación y enfermedad de pequeños vasos. 

“Lo que no sabemos o para lo cual la evidencia no es tan robusta, es qué tan cortos o tan largos deben ser estos episodios para ocasionar dichos trastornos neurológicos”, destacó. 

El otro interrogante asociado es cuándo intervenir y con qué tipo de tratamiento. Existen indicios de que el control del ritmo (mediante ablación, fármacos antiarrítmicos o cardioversión) tendría mayor impacto que la anticoagulación para reducir el riesgo de demencia, aunque la evidencia es incompleta para la fibrilación auricular subclínica, expresó la Dra. Berni. 

Por ejemplo, un estudio piloto longitudinal japonés en ocho pacientes con fibrilación auricular documentó que seis meses después de la ablación con catéter hubo aumento en el flujo sanguíneo en regiones específicas del cerebro que correlacionaron con mejoras cognitivas, sobre todo en funciones ejecutivas y memoria verbal.[1]

En contraste, el uso de anticoagulantes orales directos en episodios de fibrilación auricular ≥ 6 minutos en individuos de alto riesgo no mostró cambios significativos en la puntuación del Montreal Cognitive Assessment (MoCA) luego de tres años, señaló la Dra. Berni. Y el estudio BRAIN-AF que examinó el impacto de rivaroxabán en la prevención del deterioro cognitivo en pacientes de 30 a 62 años con fibrilación auricular y bajo riesgo tromboembólico fue detenido por futilidad al no demostrar beneficio al cabo de un seguimiento de 3,7 años.[2]

Conducta clínica

Medscape en español preguntó a la Dra. Berni cuál sería un abordaje clínico posible en este contexto de incertidumbre. “Lo primero, escuchar a las y los pacientes. Muchas veces llegan al consultorio y su molestia es que olvidan las cosas y nosotros, como médicos, no le damos mucha importancia. Pero si tengo un paciente con fibrilación auricular [subclínica o clínica] y otros factores de riesgo que me dice que tiene trastornos de memoria, hay que poner un foco. También se puede buscar de manera intencionada la fibrilación auricular [cuando no haya sido detectada] y compartir esa información con neurólogos, quien tal vez requiera estudios adicionales como resonancias magnéticas para buscar daño estructural y estratificar “, respondió la especialista. 

En el panel de discusión el organizador de la sesión, Dr. Adrián Baranchuk, exprofesor de medicina en Queen’s University, Kingston, Canadá, expresidente de la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC), y actual profesor en la Universidad Abierta Interamericano (UAI), en Buenos Aires, Argentina, también compartió su perspectiva: “Si el paciente ha tenido fibrilación auricular paroxística, definida, tiene que haber una evaluación que vaya por arriba de la cardiología, por ejemplo, neurología, para saber si existe cualquier parámetro de deterioro cognitivo”. 

El médico agregó: “Pero el electrocardiograma en ritmo sinusal con onda P ≥ 120 ms también puede demostrar otra patología auricular, el bloqueo interauricular, que nuestro grupo con [Antoni] Bayés de Luna y [Manuel] Martínez-Sellé demostró que se asocia con deterioro cognitivo. En esos casos hay que prestar atención. No digo referir directamente al neurólogo, pero sí tomarse tres minutos más y hacer preguntas: ¿alguna vez sintió que no le salen las palabras o que se olvida de cosas trascendentes? Y si se encuentran respuestas sugestivas de un deterioro cognitivo, derivar al especialista en neurología”.[3]

“La pregunta es qué está ocurriendo en el cerebro”

Dra. Amparo Santamaría Ortiz

La asociación entre fibrilación auricular y deterioro cognitivo está bien establecida, pero en el caso de la fibrilación auricular subclínica “todavía existen importantes interrogantes”, coincidió en diálogo con Medscape en español la Dra. Amparo Santamaría Ortiz, Ph. D., máster en bioestadística, gestión sanitaria y salud digital, jefa del Departamento de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario Vinalopó, en Alicante, España, investigadora de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (FISABIO), y autora principal de un reciente artículo de revisión en el Journal of Clinical Medicine que exploró la relación, y que no participó del congreso. 

Aún no se dispone de datos suficientes para recomendar intervenciones específicas con el objetivo de prevenir la demencia ni para afirmar que una estrategia de control del ritmo sea superior a otra desde el punto de vista cognitivo, sostuvo la médica. 

“La pregunta ya no es solo cuánto riesgo de ictus tiene un paciente con fibrilación auricular, sino también qué está ocurriendo en su cerebro. En los pacientes con fibrilación auricular subclínica probablemente debemos monitorizar tanto la carga arrítmica como la función cognitiva a lo largo del tiempo”, expresó. 

Desde una perspectiva práctica, la Dra. Santamaría considero que la fibrilación auricular debe abordarse mediante un modelo integrado corazón-cerebro. 

“En pacientes en los que la arritmia se detecta de forma incidental, especialmente si presentan edad avanzada o factores de riesgo vascular, parece razonable incorporar valoración cognitiva basal y seguimiento periódico junto con optimización del control de los factores de riesgo cardiovascular y de la prevención tromboembólica cuando esté indicada. La detección precoz de cambios cognitivos podría ayudarnos a identificar a quienes presentan mayor vulnerabilidad cerebral mientras esperamos estudios que definan qué carga de fibrilación auricular y qué intervenciones son realmente relevantes para preservar la función cognitiva”, concluyó. 

FUENTE: Medscape Medical News © 2026 WebMD, LLC

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