Especialistas del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), encabezados por al Dra. Martha M. Téllez Rojo, participaron en un estudio que demuestra que los dientes de leche pueden conservar un registro detallado de la exposición a metales durante el embarazo y los primeros meses de vida. Esta información permitió a investigadoras e investigadores relacionar esas exposiciones con cambios observados años después en la estructura y el funcionamiento del cerebro de niñas y niños.
Para ello se utilizó información de la cohorte PROGRESS (Programming Research in Obesity, Growth, Environment and Social Stressors), un proyecto liderado por el INSP en colaboración con la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai con fondos de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés),que desde hace casi dos décadas da seguimiento a familias en la Ciudad de México para comprender cómo distintos factores ambientales influyen en la salud y el desarrollo infantil. El estudio analizó información de 489 niñas y niños que forman parte de esta cohorte.
El trabajo representa un avance importante porque combina dos herramientas objetivas de medición que permiten comprender con mayor precisión cómo el ambiente puede influir en el desarrollo cerebral desde las primeras etapas de la vida.
Esta investigación es una de las primeras en integrar el análisis de dientes de leche con estudios de resonancia magnética cerebral para identificar los periodos del desarrollo en los que el cerebro podría ser más vulnerable a la exposición a mezclas de metales presentes en el ambiente.
A diferencia de otros estudios que estiman la exposición mediante cuestionarios o mediciones realizadas en un solo momento, en esta investigación fue posible reconstruir, prácticamente semana por semana, el historial de exposición desde el segundo trimestre del embarazo hasta los primeros meses después del nacimiento.
Esto fue posible gracias a una técnica desarrollada por investigadores de Mount Sinai. Los dientes de leche se forman por capas y, durante ese proceso, incorporan pequeñas cantidades de los elementos que circulan en el organismo. Mediante un análisis con láser, el equipo pudo leer esas capas y obtener una especie de “línea del tiempo biológica” que muestra cuándo ocurrió la exposición a distintos metales durante etapas clave del desarrollo temprano.
Otro aspecto innovador del estudio fue la forma de evaluar sus posibles efectos. En lugar de basarse únicamente en pruebas de comportamiento, los investigadores utilizaron resonancia magnética para observar directamente el cerebro de las y los participantes durante la adolescencia.
Esta metodología permitió medir de manera objetiva características como el volumen cerebral, la conectividad entre distintas regiones y el funcionamiento de los circuitos cerebrales, ofreciendo evidencia más precisa sobre los cambios asociados con la exposición ambiental.
Los resultados mostraron que quienes estuvieron expuestos a mayores concentraciones de mezclas de metales [Manganeso (Mn), zinc (Zn), plomo (Pb), magnesio (Mg), litio (Li), cobre (Cu), estroncio (Sr), bario (Ba) y estaño (Sn)] durante determinados periodos de la gestación y de la primera infancia presentaban menor volumen cerebral y modificaciones en la forma en que diferentes regiones del cerebro se comunican entre sí. También se observaron cambios en la integridad de la sustancia blanca, una estructura fundamental para la transmisión eficiente de información entre distintas áreas cerebrales. Estos hallazgos sugieren que existen etapas particularmente sensibles del desarrollo en las que la exposición ambiental puede dejar efectos que permanecen hasta la adolescencia.
Como parte del estudio también se evaluó la conducta de las y los participantes mediante cuestionarios respondidos por sus madres y padres. Los resultados mostraron una asociación entre una mayor exposición durante ciertas ventanas del desarrollo y un incremento en síntomas relacionados con la atención, la ansiedad y el estado de ánimo.
No obstante, las y los autores destacan que el principal aporte de esta investigación es haber demostrado, mediante imágenes cerebrales, cambios objetivos en el desarrollo del cerebro asociados con exposiciones ocurridas muchos años antes.
FUENTE: INSP.MX







