Nuestro organismo necesita energía las 24 horas del día, pero no siempre la obtiene exactamente de la misma fuente. Dependiendo de si acabamos de comer, llevamos varias horas sin hacerlo, estamos descansando o realizando ejercicio, cambia la contribución de carbohidratos y grasas como combustibles.
A esta capacidad de ajustar la utilización de sustratos energéticos según las necesidades se le conoce como flexibilidad metabólica.
No se trata de “quemar grasa” permanentemente ni de evitar los carbohidratos. Un metabolismo saludable necesita precisamente la capacidad de adaptarse a diferentes situaciones.
¿QUÉ ES LA FLEXIBILIDAD METABÓLICA?
Después de una comida, especialmente cuando contiene carbohidratos, aumenta la disponibilidad de glucosa y el organismo puede utilizar una mayor proporción de ella como fuente de energía.
Durante periodos sin ingesta de alimentos y en determinadas intensidades de actividad física, aumenta proporcionalmente la utilización de grasas.
La capacidad para realizar estas transiciones de manera apropiada es parte de lo que denominamos flexibilidad metabólica.
¿QUÉ PUEDE INFLUIR EN ELLA?
Diversos factores participan en la manera en que el organismo utiliza y almacena energía:
- Actividad física y condición física.
- Cantidad y composición de la alimentación.
- Masa muscular.
- Adiposidad corporal.
- Sensibilidad a la insulina.
- Sueño y ritmos circadianos.
- Edad.
- Estado metabólico.
Por ello, no existe una única estrategia para “activar” la flexibilidad metabólica.
EL MÚSCULO TIENE UN PAPEL IMPORTANTE
El músculo es uno de los tejidos más importantes para la utilización de glucosa y ácidos grasos.
Durante el ejercicio, la demanda energética aumenta y el músculo adapta la utilización de combustibles de acuerdo con la intensidad, duración, entrenamiento previo y disponibilidad de nutrientes.
Esto ayuda a explicar por qué la actividad física regular es una herramienta relevante para la salud metabólica.
¿QUÉ APORTA LA MEDICINA FUNCIONAL?
La medicina funcional permite analizar la flexibilidad metabólica dentro de un panorama más amplio.
En lugar de reducir el metabolismo a una sola cifra, se consideran elementos como actividad física, alimentación, sueño, composición corporal, marcadores metabólicos y antecedentes.
Esta integración puede ayudar a identificar qué áreas necesitan mayor atención y qué intervenciones son apropiadas para cada persona.
¿CÓMO PODEMOS FAVORECER UNA BUENA CAPACIDAD METABÓLICA?
No existe un protocolo universal. Sin embargo, mantener actividad física regular, conservar masa muscular, llevar una alimentación adecuada a las necesidades individuales y cuidar el descanso son pilares importantes de la salud metabólica.
Las estrategias de alimentación o ejercicio deben adaptarse al contexto individual y no utilizarse únicamente porque prometan convertir al organismo en una supuesta “máquina de quemar grasa”.
EN CONCLUSIÓN
La flexibilidad metabólica no consiste en utilizar exclusivamente grasa o glucosa. Consiste precisamente en poder adaptarse a diferentes demandas energéticas.
Comprender esta capacidad nos ayuda a abandonar explicaciones simplistas sobre el metabolismo y a reconocer que alimentación, músculo, actividad física, descanso y estado metabólico funcionan de manera interconectada.







