El Hospital Universitario Virgen del Rocío ha comenzado a implantar bombas de insulina sin cable, una tecnología que sustituye al sistema tradicional con un único dispositivo adherido directamente a la piel, eliminando la necesidad de un catéter externo.
¿En qué consiste una bomba de insulina?
El funcionamiento de este dispositivo comienza con un pequeño reservorio situado en el interior de la bomba, donde se almacena la insulina. Cuando el sistema recibe la orden de administrar una dosis, un mecanismo interno desplaza el líquido de forma controlada hasta una pequeña cánula que se inserta bajo la piel.
La administración, regulada por una unidad de control, se realiza generalmente mediante dos tipos de dosis. Por un lado, la bomba libera de forma continua pequeñas cantidades de insulina para cubrir las necesidades basales del organismo. Por otro, puede administrar dosis adicionales o bolos en casos puntuales como pueden ser las comidas o para corregir niveles elevados de glucosa en sangre.
Beneficios de la ausencia de cables
A diferencia de las bombas tradicionales, en las que la insulina debe recorrer un tubo externo antes de llegar al punto de infusión, en las que no tienen cable, todos estos componentes están integrados en el propio dispositivo.
Esta innovación aporta ventajas tanto desde un punto de vista funcional como para la calidad de vida del paciente. El diseño compacto ofrece una mayor libertad de movimiento y facilita su uso durante las actividades físicas. Además, se simplifica la arquitectura del sistema, eliminando un elemento susceptible de desconexión, acodamiento o enganche.
Precisión a un nivel microscópico
La eliminación del tubo obliga a miniaturizar todos los componentes necesarios para la administración de la insulina. La capacidad para suministrar estas microdosis con gran precisión es una de las piezas clave desde el punto de vista de la ingeniería, tarea llevada a cabo por un actuador. Este componente transforma la energía eléctrica de la batería en un movimiento mecánico. En el mercado, dependiendo del diseño, pueden emplearse diferentes tecnologías: Micromotores electromagnéticos: generan movimiento mecánico rotatorio y lo transmiten a un pistón que suministra la dosis.
- Aleaciones con memoria de forma: utiliza materiales, como por ejemplo el nitinol, que cambian su forma en función de la temperatura debido al efecto Joule. Esta deformación produce un movimiento mecánico que permite la administración de la microdosis.
- Actuadores piezoeléctricos: emplean materiales que tienen la capacidad de deformarse al recibir una corriente eléctrica, principio conocido como efecto piezoeléctrico inverso. No tienen la necesidad de calentarse, lo que permite una respuesta muy rápida.
Ingeniería en miniatura
El hecho de que la bomba no tenga cables externos no significa que funcione de forma aislada. El dispositivo se comunica de manera inalámbrica con una unidad de control desde la cual se pueden programar las tasas basales, administrar bolos y supervisar el funcionamiento del sistema. Además, en ocasiones, esta unidad de control se conecta a un medidor continuo de glucosa que permite monitorizar los niveles del usuario en sangre.
A esta combinación se le suele denominar páncreas artificial y representa uno de los campos más interesantes para la ingeniería biomédica aplicada a la diabetes. Gracias a la monitorización continua y a algoritmos capaces de analizar los datos recibidos por el sensor, se obtiene un sistema prácticamente capaz de automatizar el control de la diabetes. Sin embargo, actualmente requieren de la intervención humana y el control totalmente autónomo se encuentra en un proceso de investigación. Resulta un reto difícil de conseguir, pero lograrlo supondría un gran avance en el tratamiento de la diabetes, mejorando considerablemente la calidad de vida de los pacientes.
Los autores del artículo declararon no tener conflictos de interés.
FUENTES: UNIVADIS.ES






